LA COMPAÑÍA DE SAN PAOLO PARA LAS IGLESIAS DEL CASCO ANTIGUO

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Chiesa della

Consolata

Piazza della Consolata

El enraizamiento de la devoción mariana en la memoria de Turín es testimoniado por la complejidad de las estratificaciones arquitectónicas y artísticas del santuario más antiguo y célebre de la ciudad, dedicado a la Virgen con el título de Santa Maria della Consolazione (comúnmente conocido como “la consolata”).

Se tiene constancia de la iglesia originaria ya en el siglo X: dedicada a Sant’Andrea, se encuentra en la esquina norte occidental de la ciudad antigua, casi adosada a la línea de la muralla (véanse, en el exterior, los restos de la torre angular imperial). Sant’Andrea se convierte en centro monástico a principios del siglo X, dando refugio a los benedictinos huidos de la abadía de la Novalesa a causa de la amenaza sarracena: hacia principios del siglo XI, restablecida una cierta seguridad, los monjes vuelven a la Novalesa y amplían también el priorato de Sant’Andrea en Turín, sirviéndose de la obra de Bruningo, uno de los primeros monjes-constructores de los que se tiene constancia. Algunos testimonios de obras medievales son el campanario, realizado a lo largo del siglo XI (visita con reserva previa, con vistas al casco antiguo) y los vestigios de bandas lombardas sobre el frontal externo, pertenecientes a una fase más antigua. En el interior del edificio se conservan, a la espera de ser sacados a la luz, algunos restos de un valor artístico y arquitectónico excepcional de este pasado lejano.

A lo largo de la Edad Media se testifica un gran crecimiento de la devoción mariana, tanto en el pueblo como en la corte sabauda, sostenida y alimentada por dos tradiciones diferentes: una debida a la voluntad el rey Arduino de querer construir la capilla mariana (1016); la otra, narra los acontecimientos del ciego di Briançon (1104), que habría recuperado la vista primero avistando el campanario de Sant’Andrea y, después, encontrando una imagen sepultada de la Virgen (que la tradición data de la época de la devoción mariana de san Massimo, primer obispo de Turín). Diversas fueron las imágenes de la Virgen veneradas en Sant’Andrea: la actual (colocada en la cima del altar del siglo XVIII, conectada con el tabernáculo) perteneciente al mecenazgo de cardinal Della Rovere (contratante del Duomo nuevo de Turín, a finales del siglo XV), sigue el modelo del icono de Santa Maria del Popolo de Roma, a su vez tomado del tema iconográfico oriental de Maria Odigitria (la que indica el camino, el Cristo); el cuadro es atribuido a Antoniazzo Romano.

A finales del siglo XVI era fuerte la exigencia de ampliar y ornamentar el espacio del antiguo Sant’Andrea transformado de parroquia a Santuario de relevancia ciudadana: por encargo municipal, se renueva el altar de San Valerico, invocado durante la peste de 1598 (actualmente al lado izquierdo del Santuario); por intervención ducal, se renueva la Capilla de las Gracias (cripta de la iglesia de Sant’Andrea, visible entrando desde el lado derecho) y en 1620 se consagra un nuevo altar para la capilla de la Consolata que se encuentra todavía en la nave norte.
 

A partir de 1679, la iglesia empieza a asumir las formas actuales; por encargo de la regente Maria Giovanna Battista, el arquitecto teatino Guarino Guarini (activo ya en Turín desde 1666, contratado para la cúpula de la Sindone y para San Lorenzo)

transforma la nave del antiguo Sant’Andrea en la actual sala elíptica de ingreso, mientras que el Santuario para el icono mariano se convierte en la nueva capilla exagonal también por el lado norte. El plano guariniano es llevado a cabo por Antonio Bertola en 1704. La Consolata será el corazón de la resistencia espiritual de Turín durante el asedio de 1706, sostenida gracias a la acción del beato Sebastiano Valfré; en el jardín externo, un pequeño pilón votivo recuerda la intervención del duque Vittorio Amedeo II con motivo de la batalla decisiva, acaecida la vigilia de la fiesta de la Natività de Maria. El 21 de mayo de 1714 la Consolata es proclamada oficialmente Patrona de la Ciudad y de la Diócesis de Turín.

Fueron muy numerosas las modificaciones que se llevaron a cabo en los dos últimos siglos: el nuevo altar juvarriano al fondo del Santuario (1729), la ornamentación de la cripta y la construcción, tras el cólera de 1835, de la columna votiva externa; el nuevo pronaos de ingreso sobre la plazeta sur (1853-60) y sobretodo, la corona de capillas elípticas entorno al Santuario, realizada a finales del siglo XIX por Carlo Ceppi y Antonio Vandone en estilo neo-barroco. La consolata se había convertido desde 1871 en sede del Convicto Eclesiástico, la escuela de perfeccionamiento en teología moral para sacerdotes diocesanos, de la que fue rector desde 1880 hasta 1926, Giuseppe Allamano, fundador del Instituto de los Misionarios de la Consolata, beatificado en 1990.

Numerosas son también las otras memorias religiosas del Santuario: recordamos la tumba de san Giuseppe Cafasso (primer altar a la derecha en Sant’Andrea), formador en el Convicto Eclesiástico (entonces situado todavía en la iglesiade San Francesco d’Assisi) de sacerdotes como san Giovanni Bosco y el beato Clemente Marchisio, así como asistente de los presos y condenados a muerte (véase su estatua en el llamado “rondo della forca”(“rondel de la horca”), entre Maria Ausiliatrice y el Cottolengo). Además del Santuario, se recomienda la visita a la galería de los ex-voto, en la que se guardan los testimonios más vivos y espontáneos de siglos de devoción mariana de Turín.

 

 

Textos a cargo de la asociación Guarino Guarini