LA COMPAÑÍA DE SAN PAOLO PARA LAS IGLESIAS DEL CASCO ANTIGUO

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Chiesa della

Madonna del Carmine

Via del Carmine 3, Torino

La Real Iglesia de la Madonna del Carmine se alza sobre el terreno de la tercera ampliación de la ciudad de Turín a principios del siglo XVIII por obra del arquitecto ducal Michelangelo Garove. La expansión occidental de la ciudad está caracterizada por la fuerte presencia de un nuevo tipo de vivienda, la casa en renta, que sustituyen a los inmuebles nobiliarios y a los grandes conventos.

La iglesia se construye en el edificio de San Callisto adquirido en 1718 por los padres Carmelitas tras su traslado desde Santa Maria di Piazza. La decisión de construir el nuevo convento en la zona de la ciudad nueva se toma en 1728, con la colocación de la primera piedra del edificio proyectado por el arquitecto Gian Giacomo Plantery.

El mismo año el obispo Francesco di Gattinara concede a Filippo Juvarra, desde 1713 Arquitecto Regio, el proyecto de la nueva iglesia; esta viene desde el principio dedicada a Nostra Signora del Carmine y, solo después, al Beato Amedeo IX de Saboya y a la carmelita Santa Maria Maddalena d’e Pazzi.

Las obras empezaron en 1732 y en 1735 el edificio estaba casi terminado, a excepción de la fachada realizada en 1871 por obra de Carlo Patarelli. Desde 1736 la iglesia queda bajo protección real.

Bajo el altar central, completado en 1763 según los planos de Benedetto Alfieri, está custodiada una reliquia del beato Amedeo IX donada a los Carmelitas por el rey Carlo Emanuele III en 1739.

El interior del edificio, se llevaron a cabo restauraciones en la parte frontal anterior, gravemente deteriorada durante el bombardeo aéreo en agosto de 1943.

Dentro del edificio se pueden distinguir claramente dos ámbitos: uno inferior más recogido y en penumbra y otro superior, más amplio y luminoso. En el espacio superior la luz es la protagonista indiscutible mientras que en la zona inferior las formas arquitectónicas son enriquecidas por el uso de mármoles policromados y decoraciones esculturales.

Las capillas laterales están conectadas con la nave central mediante amplias arcadas caracterizadas a media altura por la presencia de un arco suspendido, originalmente con esculturas de madera de Stefano Maria Clemente y ahora sustituidas por copias de yeso representando a los apóstoles.

La consagración a la Virgen es evidente en todo el recorrido iconográfico de la iglesia, alcanzando su cúlmen en el retablo del altar, obra del pintor de corte Claudio Francesco Beaumont, donde viene representada la Madonna del Carmine y el Beato Amedeo IX de Saboya.
 

La tela, de grandes dimensiones, se impone como elemento de cierre de la nave central, interrumpiendo sólo aparentemente el espacio arquitectónico, el cual se dilata en una ilusoria perspectiva presente en el interior de la composición pictórica. Cielo y tierra son ámbitos distintos, simbolizados a través de las murallas de la ciudad que los divide idealmente: en la parte superior, la Madonna del Carmine col Bambino (la Virgen del Carmen con el Niño);

en la parte inferior, el Beato Amedeo IX, representado en el acto de dar limosna a los pobres, se lleva a la Virgen. Amedeo IX (1435-1472) es recordado por la tradición popular como soberano generoso y atento a las necesidades de los pobres y enfermos, a los cuales visitaba a menudo en los hospitales. Considerado santo ya en vida, fue proclamado beato en 1677 tras fuertes intervenciones de Francesco di Sales.

El vínculo con la tradición carmelita está representado en la capilla dedicada a la Immacolata (última a la derecha) donde una tela de Giaquinto da Molfetta encarna al profeta Elia en el monte Carmelo mientras aconseja al rey Acab que se aleje porque muy pronto llegará la lluvia. La Virgen María colocada sobre la nube que surge del mar (la nube de la Escritura) lleva el agua (Cristo) al desierto aridecido (el corazón de los hombres).

Al lado de dicha capilla encontramos la capilla dedicada a la Madonna del Carmine, en cuyo espacio está colocada una sobria escultura sustituyendo a la escultura más preciada de la obra de Clemente, usada solo durante la procesión de la Beata Virgen.

Los Carmelitas, organizados en diversas órdenes y cofradías de religiosos y laicos, tienen en común la devoción del “escapulario”, una especie de hábito en miniatura que distingue a los pertenecientes a la familia del Carmelo y hace explícita su consagración a la Virgen María. Todavía hoy, en los días que preceden a la fiesta de la Madonna del Carmine (16 de julio) los fieles pueden consagrarse a la Virgen a través del escapulario.

 

Textos a cargo de la asociación Guarino Guarini