LA COMPAÑÍA DE SAN PAOLO PARA LAS IGLESIAS DEL CASCO ANTIGUO

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Chiesa di

San Dalmazzo Martire

Via G. Garibaldi angolo via delle Orfane 3

La iglesia de San Dalmazzo se encuentra en el corazón histórico y geográfico de la ciudad: al siglo XI se remontan las noticias de un edificio religioso de planta basilical dedicado a San Dalmazzo mártir (San Dalmacio Mártir), ubicado en la calle principal de la ciudad antigua y medieval, la calle Dora Grossa (actual calle Garibaldi), en las cercanías de la puerta Susina. La calle Dora Grossa es el antiguo decumano de las ciudades de la época del imperio romano, es decir la calle que las atravesaba de este a oeste; su importancia es corroborada en todo el periodo medieval ya que constituye la conexión privilegiada entre la puerta occidental de la ciudad y el castillo (actual Palazzo Madama).

Desde 1271 la preexistente iglesia de Sal Dalmazzo queda a cargo de los canónigos Ospitalieri di Sant’Antonio (Hospitalarios de San Antonio) que se ocupan de la asistencia de viajeros y peregrinos y se dedican a la asistencia de los enfermos. A partir de 1559, con la vuelta de los Saboya a Turín y la ampliación de la ciudad, los duques convocan a la capital a nuevas órdenes religiosas, cediéndoles terrenos en los que éstas pueden construir nuevas iglesias. Es así que en 1580 la Cofradía de la Misericordia es acogida por los Ospitalieri en la iglesia de San Dalmazzo. En 1606 los Barnabitas llegan a Turín respondiendo al llamado del duque Carlo Emanuele I (Carlos Manuel I), quien los hospeda en San Dalmazzo. La orden de los Barnabitas, fundada en Milán en 1530 por San Antonio Maria Zaccaria, es acogida en la ciudad triunfalmente, con el particular favor del duque, pero la convivencia entre éstos y la Cofradía de la Misericordia es tan difícil que se hace necesario que esta última se mude a la actual iglesia de la Misericordia (ver la ficha correspondiente).

La presencia de los Barnabitas es determinante para la actual forma de la iglesia; de hecho, ellos construyen la fachada (en 1702), amplían la parte interna, construyen la Cappella della Madonna di Loreto (Capilla de la Virgen de Loreto) (entre 1629 y 1631), a imitación de la casa de la Virgen presente en Loreto.

A fines del siglo XIX, el párroco Filippo Montuoro decide hacer una renovación radical encargándole al pintor Enrico Reffo la decoración interna según un gusto neo-medieval y al arquitecto Porta la construcción de la Cappella di San Paolo (Capilla de San Pablo).

La iglesia es un edificio de estructura basilical de tres naves; a los lados de las naves laterales se abren ocho hornacinas con altares. La nave central se caracteriza por la presencia, en su parte superior, de figuras de encausto de Reffo que representan viudas, penitentes, vírgenes, mártires, pero también Barnabitas, monjes, padres de la iglesia que se diseminan en el espacio como una larga procesión. De gran valor es el púlpito de mármol de Carrara que tiene la efigie de Filippo Montuoro, en recuerdo de la grandiosa obra de renovación del edificio.

El altar está coronado por un baldaquín de mármol sostenido por cuatro columnas.

En la nave de la derecha se abre la Cappella di San Paolo, estrictamente ligada a la presencia de los Barnabitas en la iglesia. En efecto, éstos se caracterizan por una particular devoción al apostolado de San Pablo, tanto que el verdadero nombre de la orden es el de Chierici Regolari di San Paolo (Clérigos Regulares de San Pablo). El término Barnabita deriva de la presencia de los monjes en la iglesia de San Paolo e Barnaba (San Pablo y Barnaba) en Milán. En la capilla una vidriera corona el altar de mármol tallado; en ésta están representados, junto a San Pablo, San Carlos Borromeo, quien antes que nadie demostró su confianza en la obra de San Antonio Maria Zaccaria, y San Francisco de Sales, en cuyo carisma se reconoce la orden en modo particular.

La cuarta capilla a la izquierda está dedicada a San Leonardo Murialdo, esencial ayuda para los jóvenes obreros de un Turín que, en la segunda mitad del siglo XIX, asiste al crecimiento exponencial de su desarrollo industrial. A Murialdo, director del colegio Artigianelli desde 1866 hasta su muerte en 1900, se debe un empeño constante que lleva al mejoramiento de las condiciones del trabajo obrero, sobre todo juvenil. Leonardo Murialdo, bautizado en la iglesia de San Dalmazzo, ofició aquí su primera misa.

 

Textos a cargo de la asociación Guarino Guarini