LA COMPAÑÍA DE SAN PAOLO PARA LAS IGLESIAS DEL CASCO ANTIGUO

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Chiesa di

San Francesco d’Assisi

Via San Francesco d’Assisi 11

La iglesia debe su nacimiento al establecimiento de la comunidad franciscana en la ciudad a partir del siglo XIII y ocupa desde siempre, una posición “estratégica” en el contexto ciudadano, estando situada en el centro de la ciudad medieval, en las proximidades de la dinámica Contrada di Dora Grossa (actual calle Garibaldi) y del Palacio del Ayuntamiento. El convento de los frailes Menores alojó actividades relativas a la administración cívica desde sus orígenes, y hallaron colocación capillas patrocinadas por ricas corporaciones de gremios o por familias nobles.

Su aspecto actual no permite ver el impacto medieval del edificio, reflejado solo por ciertos bloques del muro conservados en las partes no manipuladas durante las sucesivas remodelaciones y en el fresco tardomedieval de la Virgen, conservado en el tercer pilar izquierdo. La notoriedad de la iglesia se elevó en 1580, cuando se convierte en sede provisional, durante siete años, de la Sábana Santa, trasladada a Turín desde Chambéry a la espera de una ubicación definitiva y más solemne en el “Duomo” de la ciudad.

En 1608, en el marco del lanzamiento de Turín como ciudad-capital del ducado, la iglesia (perteneciente a los Conventuales tras las divisiones de la orden) viene reconstruida casi completamente. La estructura presenta tres naves abovedadas, construidas reutilizando una parte de aquellas ya existentes. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII las transformaciones aportadas por el arquitecto piemontés Bernardo Antonio Vittone (presbiterio, cúpula, coro y algunos altares) dieron al edificio nuevas características: soluciones arquitectónicas y decorativas continuamente variadas para captar la luz desde lo alto y simular la luminosidad en el interior del edificio desvelan todavía hoy la mano de Vittore, reconocible en los ventanales ovales sobre las arcadas de la nave central, las claraboyas redondas, las capillas con bóvedas de cañón de la nave de la derecha, en el ventanal oval del coro así como en los ángeles y los “putti in volo” (querubines volando) entre las nubes de la cúpula, unos pintados y otros de yeso. El diseño de la fachada de 1761 es atribuido a un discípulo del arquitecto, Mario Ludovico Quarini. La fachada clasicista, esculpida verticalmente por columnas adosadas y columnas acanaladas de orden único, presenta en el centro un portal de arco rebajado con un ventanal oval; un marcado entablamiento frena el empuje ascendente de los elementos verticales y mantiene el peso del frontón. La actual visión del edificio ha sido modificada con respecto al contexto original: la vía medieval ha sido ensanchada durante los procesos de modernización del casco antiguo de la ciudad. Un incendio en 1942 trajo consigo graves daños en el techo, campanario, bóveda y decoraciones. Las obras sucesivas condujeron al estado actual.
 

En el cabezal de la nave mayor, abovedado y decorado por Giovanni Masoero, se sitúa el altar mayor “a la romana” en mármoles policromados y de línea cóncava, proyectado por Vittone; bajo la mesa del altar en la parte de atrás, se encuentra una rejilla dorada, reliquia de San Inocencio, transportada de las catacumbas romanas en 1765.

Las naves laterales están flanqueadas por una secuencia cerrada de capillas, encargadas a patronatos nobiliarios y confraternidades de gremios. En la capilla del Crucifijo, con el altar de marmol policromado (también de Vittone), está expuesto el Crucifijo de madera esculpido por luganés Carlo Plura. La capilla de Sant’Omobono, por iniciativa de los Sartres, una de las primeras asociaciones gremiales constituida bajo Carlo Emanuel I y que se reunió en la iglesia a partir del siglo XVII, fue constuída por el arquitecto natural de Turín, Barberis, en la segunda mitad del siglo XVII. La capilla de Sant’Antonio da Padova, con el altar rectilíneo también diseñado por Vittone, viene embellecida por el elegante detalle de dos ángeles de Stefano Maria Clemente, escultor de Turín. La obra de arte por excelencia de la iglesia es la capilla de Sant’Anna, erguida con el patrocinio de la congregación de canteros, escultores y arquitectos de Lugano, activos en las principales instituciones de corte y de eclesiásticos.

Sin embargo, la notoriedad de la iglesia se debe sobretodo a la actividad de los santos sociales más representativos de Turín. De hecho, aquí ha tuvo lugar el Convictorio Eclesiástico de San Francesco, dirigido por el teólogo Luigi Guala en 1808 para la formación del clero. San Giuseppe Cafasso fue rector del Convictorio desde 1833 hasta 1849, y aquí San Giovanni Bosco perfeccionó su preparación pastoral. Cabe destacar el confesionario de Cafasso, el altar de Angel de la Guardia donde don Bosco celebró la primera misa en 1841, la sacristía donde el mismo don Bosco encontró a Bartolomeo Garelli, primer joven de su Oratorio, la capilla de San Bartolomeo y el patio del Oratorio.

 

 

Textos a cargo de la asociación Guarino Guarini