LA COMPAÑÍA DE SAN PAOLO PARA LAS IGLESIAS DEL CASCO ANTIGUO

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Chiesa di

Santa Chiara

Via delle Orfane, 15

La actual iglesia de Santa Clara, parte del convento de las Clarisas, descansa sobre un lugar de fundación mucho más antiguo. Colocado a más tardar en el siglo XV en la manzana actual, en las cercanías de las murallas medievales, con la iglesia colocada en el cruce entre dos calles, el convento se ha ido ampliando progresivamente en el transcurso de los siglos hasta llegar a incorporar, a fines del siglo XVIII, toda la manzana donde se encontraba. Las ampliaciones poco a poco han ido cancelando las huellas de construcciones más antiguas, comprendida la iglesia primitiva, que entre 1742 y 1746 había sido objeto de una reconstrucción desde sus cimientos. Salvo algunas modificaciones e integraciones, la iglesia del siglo XVIII corresponde a la actual, que es la que describiremos a continuación.El proyecto realizado por Bernardo Vittone (1705-1770) no hace añorar el edificio, probablemente más modesto, que ha sustituido. Se trata de uno de los más importantes proyectos turineses del arquitecto, que había preparado por lo menos tres variantes diferentes para la iglesia, conocidas gracias a diseños y grabados.Como es normal para la iglesias conventuales femeninas, Vittone diseña un edificio compuesto por dos partes diferentes: la iglesia pública, un espacio tranquilo, de planta central, y el espacioso coro para las monjas de clausura, donde el arquitecto da prueba de su pericia en realizar espacios vivibles, luminosos, ideales para la vida cotidiana.Los dos espacios responden a objetivos y usos diferentes. La iglesia pública no necesitaba ser grande ni acoger a toda una comunidad, como en el caso de las iglesias parroquiales. Por lo tanto, Vittone le da una forma centralizada, con un gran desarrollo vertical y una cúpula edificada sobre cuatro pilares perforados (es decir, compuestos por una “jaula”, de cuatro pilastras cada uno, donde están las tribunas de la planta superior). Todo el conjunto está formado por una doble estructura, que le da transparencia y ligereza a los elementos, pero que también tiene una importante función distributiva. Además de utilizarse como tribuna, la doble estructura, en los niveles superiores, ha servido para realizar un corredor que circunda la base de la cúpula, accesible a las religiosas, que así podían asomarse, desde lo alto, para ver el aula. Gracias al gran desarrollo vertical, la iglesia sobresale de los techos de la poblada ciudad antigua, y capta una luz intensa que se difunde hacia abajo de modo uniforme, difuso, a través de las numerosas aberturas. El valor simbólico de esta luz es realzado por una serie de decoraciones de estuco colocadas al nivel de la imposta de la cúpula, donde con emblemas e inscripciones en latín se despliega el concepto de claritas. Así, la luminosidad, la fama y el nombre de la Santa, a quien la iglesia está dedicada, idealmente coinciden.

El interior es sobrio, como corresponde a una iglesia de esta orden, votada a la pobreza. Los altares de fines del siglo XIX de mármol (los realizados por Vittone se perdieron), un poco rígidos, no hacen justicia a la suavidad de la decoración del siglo XVIII en estuco y a la elegancia de los paneles, de las molduras, de los compartimentos murales, de colores claros originariamente. Sólo la pared del fondo, que separa la iglesia del coro, estaba recubierta desde el inicio con mármoles policromos (las actuales, restauradas en el siglo XX, están pintadas en trompe l’oeil).

Pero la iglesia es sólo la mitad de la obra: dos puertas modernas, en vez de las antiguas aberturas un tiempo protegidas por rejas de metal, permiten acceder al coro de las monjas de clausura. Si la iglesia era inaccesible a las monjas, el coro, en cambio, era para ellas un lugar de vida cotidiana, y Vittone lo concibe con una doble altura, insertándolo en un sistema de logias y de elegantes balcones, que lo transforman casi en una plaza cubierta. Al norte, las logias forman un espacio “colchón” que permite que el coro no se vea de la calle; al sur, las logias se abren directamente sobre los soportales del gran claustro del convento, desde donde entra una luz posmeridiana directa e intensa. Una fina decoración en estuco sigue la línea de la bóveda de lunetos. En la planta baja, arruinada por algunos desproporcionados tabiques, la calidad del espacio original se ve comprometida también por la falta del coro lignario, eliminado en los primeros años del siglo XX.

En el largo período de las supresiones (fines del siglo XVIII – años 60 del siglo XIX), la historia de Santa Clara es un poco contra corriente respecto a la de otros complejos religiosos. En 1802, el convento es suprimido formalmente, pero sigue funcionando y sigue a disposición de la autoridad pública que lo destina a asilo para monjas procedentes también de otros monasterios. Por lo tanto, no se trata de un verdadero abandono. En la Restauración, las Clarisas se restablecen, pero lo ceden poco después (1824) a las hermanas de la Visitación que lo habitarán por casi un siglo. Se remonta a este período una primera reconstrucción de los altares en las formas actuales, si bien hoy no encontramos ninguna huella material de la orden de la Visitación. En efecto, convento e iglesia fueron abandonados en 1904, cuando las monjas Visitandinas cedieron el edificio, después de un largo tira y afloja (o mejor dicho, una resistencia pasiva a las leyes Siccardi, durada cuarenta años), al Ayuntamiento de Turín. Es en ese entonces cuando la iglesia fue despojada de todos sus adornos móviles y fijos, en previsión de una demolición. Al final, el edificio se salvó in extremis de que lo demolieran porque estaba incluido en la lista de los bienes vinculados.
La iglesia fue objeto de restauraciones a partir de los años 30 del siglo XX, cuando se volvió a consagrar y fue comprada por la orden de las Pequeñas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús que aún son las propietarias. Se remontan a esa época (1937-1942) los altares, que son copia de los del siglo XIX, removidos en 1904 y vueltos a montar en la iglesia de la Visitación de la Avda. Francia, y todas las decoraciones móviles internas. El retablo del altar mayor, que representa la Aparición del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita, es una obra del pintor Nicola Arduino (1887-1972).
Algunas palabras merece la fachada: paralela a la calle y de dos órdenes, un poco penalizada por enlucidos y colores modernos y visible sólo en parte por el limitado espacio a disposición. Al acompañar la curva de la cúpula con cortes diagonales en la parte superior del frente, Vittone podría haber hecho referencia a la fachada de la iglesia romana de San Biagio, de Carlo Fontana. En la estructura general de la iglesia y del coro se reconoce la experiencia madurada por Vittone en el taller de Juvarra; en efecto, el arquitecto ya había trabajado en programas análogos ocupándose de los proyectos de las iglesias conventuales femeninas de Santa Cruz en Turín y de San Andrea en Chieri.