LA COMPAÑÍA DE SAN PAOLO PARA LAS IGLESIAS DEL CASCO ANTIGUO

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Chiesa dei

Santi Martiri Solutore, Avventore e Ottavio

Via G. Garibaldi 25

Después de 30 años de ocupaciones militares, Turín se convierte en 1563 en sede ducal de Emanuele Filiberto de Saboya. La iglesia ratifica la alianza entre la dinastía de casa Saboya y la Compañía de Jesús, llamada a Turín en 1566 para ejercitar el propio ministerio educativo, por iniciativa de la Venerable Compañía de la Fe Católica, institución que se convertirá en la Compagnia di San Paolo (véase la Capilla de San Pablo, primera a la derecha, con un cuadro de Federico Zuccari, 1607). En 1574 los Jesuitas toman posesión de parte de la manzana de San Pablo en la calle Dora Grossa, principal eje viario de Turín (actual calle Garibaldi), ya sede de la parroquia de San Esteban y de las casas del Seminario diocesano.

La iglesia está dedicada a los más antiguos protectores de Turín, los santos mártires Solutor, Adventor y Octavio, soldados de la legión tebea, mártires de la fe durante las persecuciones del emperador romano Diocleciano. Sepultados en Turín por la noble cristiana Giuliana, son recordados en un himno de San Máximo, obispo de Turín a finales del siglo IV. En los pilares del arco que separa la nave del presbiterio, hay dos piedras, una que la tradición recuerda como los vestigios de Santa Juliana y, la otra, como la piedra en la que fue degollado San Solutor. Al principio conservadas en la abadía medieval de San Solutor, las reliquias desde 1536 se custodian en la iglesia de San Andrés (el actual Santuario de la Consolación); en 1575 son trasladadas provisionalmente a una capilla de la casa de los Jesuitas y posteriormente, colocadas en la nueva iglesia finalizada el 20 de enero de 1584, fecha en que se sigue conmemorando su recuerdo en la archidiócesis de Turín.

La planta de la iglesia refleja en modo fiel la orientación arquitectónica de las nuevas iglesias resultado del Concilio de Trento (concluido en 1563) y detalladas en las Instrucciones del cardenal Carlo Borromeo, amigo del duque Emanuele Filiberto, quien en 1578 traslada la Sábana Santa a Turín con el pretexto de abreviar el peregrinaje. El proyecto, tradicionalmente atribuido a Pellegrino Tibaldi (arquitecto de confianza de Borromeo) es en realidad fruto de un complejo proceso de decisiones arquitectónicas, religiosas y políticas, pero en líneas generales expresa los ideales y usos litúrgicos promovidos por los Jesuitas a finales del siglo XVI.

El aula litúrgica tiene una sola nave, con el fin de favorecer la plena participación de los fieles, la visión del altar eucarístico y la acústica de la predicación, proclamada desde el púlpito monumental. Las capillas laterales no interfieren con la centralidad del aula ni del altar. Tras la canonización en 1622 de Ignacio de Loyola y Francisco Javier, primeros santos jesuitas, se amplía el aparato decorativo y devocional; a la derecha del presbiterio, la capilla de San Francisco Javier, con altar realizado por Tommaso Carlone e hijos, conserva el retablo (atribuido a Giuseppe Maria Viani) de San Francisco Javier con San Octavio, el beato Luigi Gonzaga, San Carlo Borromeo y Santa Brígida. En la bóveda interviene en 1678 el hermano jesuita Andrea Pozzo, decorador de los más importantes edificios de la congregación, con el Triunfo de San Ignacio (se conservan solo los ángeles junto al órgano y el escudo de casa Saboya de la regente sobre el arco situado entre la nave y el presbiterio). En la capilla a la izquierda, el altar dedicado a San Ignacio, realizado por Tommaso Carlone e hijo siguiendo un proyecto atribuido a Andrea Pozzo, está ornamentado con el retablo de Sebastiano Taricco  (1690 aprox.). A la izquierda de la entrada, en frente del citado altar de San Pablo, la Estatua de la Virgen del escultor de Lugano Tommaso Carlone.

Tras los daños provocados por el asedio francés de 1706, se reestructura radicalmente el área absidal con el proyecto de Carlo Giulio Quadro, construyendo un coro más profundo, la cúpula y el campanario; Filippo Juvarra interviene con el nuevo altar mayor (que termina en la parte baja con la urna, construida en Roma en el siglo XVI, en la que se guardan las reliquias de los Santos Mártires) y realiza en la nueva sacristía el altar de la Gloria de San Ignacio y el lavabo (realizados entre 1733-1734). De la pintora milanesa Gianna Duranda son las cuatro telas colocadas a lo largo de la pared de la sacristía que representan a Matatías golpeando a los idólatras; Ana que lleva al hijo Samuel al sacerdote Eli; El asesinato de Abel y El sacrifico de Isaac. Bernardo Antonio Vittone se ocupa de la nueva pavimentación en mármol del presbiterio y de la restauración de la fachada (1768-1770), donde vienen colocados la estatua de la Virgen de Ignacio Perucca y los bajorrelieves de Giovanni Battista Bernero, que representan a los Santos Mártires y la ciudad de Turín así como a los principales santos jesuitas (Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Luigi Gonzaga y Estanislao Kostka); en los nichos se habían introducido ya a principios del siglo XVIII las estatuas de madera y oro de las virtudes, atribuidas a Francesco Borelli. En el mimo período, Vittone proyecta la rectilineación de la parte frontal hacia la calle Dora Grossa, según las nuevas prescripciones para el ornamento y la renovación de la parte más antigua de la ciudad. De los años sesenta del siglo XVIII es también el retablo situado detrás del altar mayor, con los Santos Mártires y la Virgen, alternado en función de los períodos litúrgicos con los iconos ovales de la Crucifixión, atribuidos a Michele Antonio Milocco, y de San Luigi Gonzaga.

En la iglesia están sepultados tres ilustres personajes de la historia de Turín: Giovanni Botero (1544-1617), ex jesuita y escritor político, autor del tratado del siglo XVI De la razón de Estado, Giovanni Francesco Bellezia (1602-1672), valiente alcalde de la ciudad durante la devastadora epidemia de peste de 1630; el filósofo Joseph de Maistre (1753-1821).

Los jesuitas son suprimidos en 1773. Vuelven a tomar posesión de la iglesia en 1832 y promueven la restauración de la bóveda principal en los años cuarenta y la sustitución de los frescos deteriorados de la bóveda y de la cúpula por parte de Luigi Vacca. En 1848 son expulsados nuevamente del reino y vuelven a residir en una parte del edificio sólo en 1894; en 1916 se les concede de nuevo la rectoría de la iglesia.

Desde el año 2013 la iglesia viene concedida a la Comunidad de San Egidio, movimiento laico con reconocimiento de la Santa Sede que expresa su vida cristiana en la amistad con los pobres, en la escucha de la Palabra de Dios en el rezo personal y común, en la búsqueda de la paz como actitud personal y compromiso con el mundo.

 

Textos a cargo de la asociación Guarino Guarini, en el marco del proyecto Visitar las iglesias de Turín de la Compagnia di San Paolo