LA COMPAÑÍA DE SAN PAOLO PARA LAS IGLESIAS DEL CASCO ANTIGUO

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Chiesa del

Santo Volto

Via Val della Torre 3

Amplias áreas industriales de la periferia de Turín fueron abandonadas en las últimas décadas del siglo XX: los Juegos Olímpicos de Invierno 2006 y amplios programas de reconversión residencial y terciaria transformaron la imagen de enteros sectores urbanos.

Ante semejante cuadro de transformaciones, el arzobispo card. Severino Poletto consideró importante actualizar la presencia de la iglesia, autorizando a Mario Botta la gestión de un Centro pastoral diocesano constituido por un complejo parroquial, un centro de congresos y oficinas de la curia metropolitana: la obra se terminó en 2006. El centro se sitúa en un área donde había fábricas de acero, en el corazón de un cuadrante urbano ahora en fase de intensa urbanización (la llamada “Spina Tre”, aproximadamente con 1 millón de metros cuadrados).

De este modo, la iglesia del Santo Volto, cuya dedicación cristológica evoca la imagen de la Sábana Santa, nace como parroquia de una nueva comunidad pero también como espacio de relevancia ciudadana, religiosa y civil, destinado a alojar aquellas funciones litúrgicas y públicas de orden diocesana no necesariamente vinculadas a la iglesia catedral renacentista.

Partiendo de tales premisas, la solución propuesta por Mario Botta sitúa el tema urbano al centro del recorrido: la ambición de las siete torres de la iglesia – con una altura de unos 40 metros y lindante con la preexistente chimenea, reconstruida como torre memorial crucífera- es encarnar el elemento unificador en un contexto aún privado de una nueva identidad. La parte sobre la cual surge la iglesia desciende hacia la orilla del río Dora, es decir, hacia el centro de la ciudad: en esta dirección está situada la torre absidal, cuya cruz luminosa tendría la función de un reclamo visual de referencia urbana. En cambio, el acceso a la iglesia y al conjunto parroquial apunta hacia el nuevo barrio, en el nivel superior. El espacio entre los bloques edilicios sobresalientes y el corazón del complejo está formado por un pórtico sagrado, delimitado por las oficinas diocesanas y los espacios parroquiales (obras del ministerio pastoral, oratorio, “capilla ferial”, etc.), unidos a la iglesia por la pasarela donde se encuentra la sacristía-puente.

El volumen estereométrico heptagonal, revestido con ladrillos y piedra de Verona, se levanta como una bisagra físico-monumental, casi un “engranaje” de memoria industrial, que materializa la relación entre la ciudad histórica, los vacíos industriales y el actual crecimiento edilicio.
 

Una vez pasado el umbral del aula, entramos en un espacio protector, silencioso y luminoso, sensorialmente apartado de la ciudad.

La singular forma a estrella de siete puntas otorga una cierta direccionalidad a la planta central del edificio al tiempo que señala el recorrido procesional con una ligera inclinación desde la entrada hacia el altar. El aula circular tiene un diámetro de más de 30 metros, atravesado por la intersección de los siete radiales que generan las siete torres de cubierta.

Las nítidas geometrías de la planta y las fuentes de luz natural (los tragaluces en la cima de las siete torres monumentales y de las capillas radiales), crean un espacio proyector debido tanto a la reflexión personal como a las celebraciones comunitarias. El presbiterio está situado sobre una basta tarima frontal, sobra la que se encuentran el altar y la sede del presidente de la asamblea litúrgica; un amplio ambón se asoma hacia los fieles.

A espaldas del presbiterio, en el espacio absidal están presentes un crucifijo histórico y, mediante la disposición de la mampostería de listones lapidarios, el tejido “digitalizado” del rostro del Hombre de la Sábana Santa. Como escribe el cardenal Poletto: “no se puede sino reconocer que aquel Rostro marcado por el dolor recuerda el sufrimiento de Jesús soportado también por nosotros mismos en su pasión y muerte; y, al mismo tiempo, a aquellos que aún hoy continúan en su vida personal aquella misma pasión, buscando el consuelo y la esperanza en ese Rostro que, tras la experiencia de la muerte y el sepulcro, aparece ante nosotros resucitado y glorificado.”

Además del deambulatorio anual, las capillas radiales alojan también los otros polos litúrgicos y devotos, como la custodia eucarística y la efigie mariana a los lados del altar, el baptisterio y los confesionarios a los lados de la entrada, el órgano y los restantes espacios de servicio.

La “capilla ferial” está situada a la cabeza meridional de la casa parroquial, a la derecha de la iglesia, a la cual está unida por una galería elevada. En la áreas adyacentes, el área absidal ha sido recientemente realizado el oratorio para los jóvenes del barrio.

 

Texto a cargo de la asociación Guarino Guarini